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La forma económica de pensar
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La forma conómica de pensar

La cultura económica es una forma de pensar

Es a partir del reconocimiento de los principios generales sobre los que descansa el comportamiento económico, que la gente puede desarrollar una forma básica de entender el entorno económico.

  • Los recursos son escasos pero los deseos y las necesidades son ilimitados, por lo que la gente debe elegir. La consecuencia lógica de esta condición es que NO PUEDE TENERSE TODO y por eso la gente debe elegir.
  • Las decisiones, por lo tanto, tienen costos de oportunidad. Esto significa que cada decisión implica el rechazo de otras cosas, lo que representa parte del costo de haber tomado una decisión en cierto sentido. Ej. Si voy al cine, no puedo estar en la escuela, por lo que ir al cine no sólo cuesta el boleto y el transporte, sino también conlleva el costo de no poder hacer otras cosas. Una buena decisión debe, por lo tanto, tener más beneficios que costos, incluidos los costos de oportunidad. A veces, el costo de nuestras decisiones puede no ser tanto un problema monetario, sino más referido a todas aquellas cosas que estamos desechando cuando elegimos en un sentido.
  • La gente responde a los incentivos. Es razonable pensar que cuando las personas percibimos más beneficios que costos, nos inclinemos a tomar ciertas decisiones. Se dice, por lo tanto, que si los incentivos se inclinan para ganar con determinadas acciones, entonces no debe sorprendernos que la gente responda a ellos. En cambio, si los incentivos se inclinan para que la gente pierda con determinadas acciones, entonces es razonable que la gente no se incline por llevarlas a cabo. En términos coloquiales, se habla de "zanahorias" y "garrotes", como los incentivos positivos o negativos de hacer algo. Si la "zanahoria" es más grande que el "garrote", entonces la gente perseguirá las acciones que la premien con la zanahoria. Pero si el "garrote" es mayor, entonces muy probablemente la gente no ejecutará dichas acciones.
  • Las instituciones (formales e informales) establecen las "reglas del juego" que incentivan nuestras decisiones. Normas, leyes, empresas, gobierno, sindicatos, costumbres o creencias, imponen incentivos y límites para el desempeño económico. Aunque la educación juega un papel importante para desarrollar un ambiente propicio para el bienestar propio y colectivo, las "reglas del juego" que nos imponen las leyes y las demás instituciones, pueden promover o inhibir las decisiones que generan bienestar. ¿Por qué aquel ciudadano "irresponsable" o "mal educado" tira basura del lado mexicano, pero una vez "del otro lado" se comporta como un "señor"? ¿En qué medida las instituciones son más o menos responsables de estar promoviendo las decisiones que hoy vemos a nuestro alrededor? Si las instituciones establecen los premios y castigos y la gente responde a ellos, entonces un buen arreglo institucional es indispensable para generar bienestar.
  • El intercambio libre y voluntario eleva el bienestar de la sociedad. La economía representa el espacio donde todos (familias, empresas y gobierno) intercambiamos unas cosas por otras. Pero es a partir de la libertad de ofrecer lo que la gente quiere, sin que se imponga la voluntad de uno sobre el otro, que el bienestar de todos puede mejorar. El buen funcionamiento de los mercados, por lo tanto, es indispensable para que la economía genere bienestar. No es el mercado el responsable de los abusos que ocurren en la economía, sino personas concretas las que en ocasiones pueden establecer condiciones que extraen bienestar al otro. En estos casos, el gobierno tiene justificada una intervención en el mercado, principalmente para promover la libertad e impedir que se asuman poderes monopólicos sobre los consumidores. El mercado, por definición, es aquel espacio donde oferentes y demandantes concurren libre y voluntariamente para intercambiar sus propiedades. Por ejemplo, en la compra de pan, el comprador intercambia SU dinero, por el producto o servicio DEL vendedor. Si el comprador ejerce su libertad para pagar voluntariamente $25, y el vendedor acepta ese dinero a cambio del pan, AMBOS GANAN. El comprador se hace de un bien que le sirve y que probablemente le costaría más de $25 hacerlo con sus propias manos, y el vendedor gana también, porque al especializarse en la panadería, es capaz de producir el pan a un menor costo y ganar al venderlo en $25.

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